Todo empezó mirando hacia arriba
En vacaciones fotografiábamos al principio lo que probablemente aparece en cualquier álbum: el mar, una plaza o la comida. Un día nos dimos cuenta de que entre esas imágenes se colaban cada vez más azulejos.
Nos deteníamos ante fachadas, retrocedíamos unos pasos en los patios y buscábamos el punto en el que un patrón empezaba a repetirse. A veces era un solo azulejo azul cobalto; otras, una pared entera daba a un lugar su atmósfera inconfundible.
La colección creció con cada viaje. Marruecos aportó las estrellas y líneas precisas del zellige; Italia, la calidez de la mayólica; México, sus mundos luminosos. Cada región contaba una historia distinta mediante barro, esmalte y patrón.
Una idea que se tomó su tiempo
De vuelta en casa, aquellas fotos eran más que recuerdos de vacaciones. Abríamos de nuevo las carpetas, comparábamos colores y formas y nos preguntábamos por qué esos patrones seguían acompañándonos.
Durante varios años, AZULEJOS fue una idea de la que hablábamos una y otra vez. Había notas y primeros bocetos, pero todavía no un juego terminado; solo la intuición de que aquella fascinación podía convertirse en algo propio.
La idea decisiva fue sencilla: ¿y si pudiéramos recomponer esos patrones? No como un puzle de cientos de piezas, sino jugada a jugada, con poco espacio, una vista de los fragmentos siguientes y pequeñas decisiones que terminan formando una imagen completa.
La pregunta dio paso a diseños, y los diseños a un primer prototipo jugable. Poco a poco quedó claro lo esencial: cuatro fragmentos, una decisión tranquila tras otra y azulejos terminados que no desaparecen, sino que pasan a formar parte de una colección creciente.
No queríamos crear un juego que compitiera por tu atención, sino un lugar al que apeteciera volver durante unos minutos tranquilos.
El viaje debe continuar
AZULEJOS quiere transmitir ese momento del viaje en el que te detienes y, durante un rato, solo ves colores, formas y detalles. Sin ruido ni presión de tiempo, pero con la tensión justa para mantenerte presente.
Cada azulejo terminado deja algo. Muchos motivos pequeños van formando un lugar entero, y las partidas se convierten en una colección personal de cerámica.
Ningún capítulo debe limitarse a cambiar el color del mismo patrón. Cada parada necesita su propia voz, su atmósfera y motivos ligados a su tradición cerámica.
Hoy nuestro viaje recorre diez lugares, de Lisboa a Valencia. Cada uno aporta colores e historias diferentes. Lo que empezó como una colección de fotos de viaje ha tomado forma en 120 niveles para jugar.
120 niveles te llevan por diez lugares: Lisboa, Nápoles, Fez, Sicilia, Isfahán, Sevilla, Delft, Puebla, Estambul y Valencia. Cada capítulo tiene doce niveles y su propio mundo de cerámica. Estamos preparando AZULEJOS para su lanzamiento en iPhone.
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